5.- SOBRE EL FUTURO
Estas y otras interpretaciones sobre el conjunto de instrumentos teóricos empleados para estudiar los problemas humanos, nos llevan a un debate estratégico sobre cuatro interrogantes decisivas: ¿qué es el capitalismo?, ¿se puede conocer el capitalismo desde dentro de su mismo modo de pensar o hay que hacerlo desde fuera, críticamente? ¿existe el derrumbe capitalista? y ¿cómo repercute todo ello sobre Euskal Herria? Obviamente, no podemos responder aquí a la primera, aunque ya hemos insinuado algunas ideas al respecto. La segunda pregunta es decisiva, y por eso vamos a responderla con una rotundo no.
5.1.- FALSA CONCIENCIA NECESARIA:
La denominada "ciencia económica" supuestamente neutral y aséptica, no deja de ser una técnica de optimización del beneficio burgués ayudada por otras técnicas disciplinadoras, legitimadoras, planificadoras y represivas de la fuerza de trabajo social. P. Deane sostiene que: "El hecho de que los avances en el conocimiento económico no son típicamente más que tentativos, exploratorios o conjeturales, que sus explicaciones raramente son sólidas, y que sus predicciones más logradas sólo son casi correctas, no es objeto de discusión entre los profesionales" (161). No debe sorprendernos entonces el desconcierto de muchos estudiosos burgueses ante lo que está pasando: "Nunca se había hecho tan evidente como hoy la dificultad que se presenta cuando se quiere aplicar a una realidad completamente nueva los esquemas interpretativos del pasado. Así , resulta difícil de entender cómo pueden ser compatibles los signos de la (extrema y creciente) fragilidad macroeconómica de la gran economía estadounidense con una expansión tan fuerte y continuada como jamás se había visto con anterioridad" (162).
Tampoco debe sorprendernos entonces el fracaso estrepitoso de todos aquellos que profetizaban una nueva edad de oro si se cumplían sus "teorías científicas". Pero ¿quiénes eran?: "los numerosos Premios Nobel de economía que han predicado los milagros de la "apertura"; los profesores universitarios neoclásicos que "ocupan" los puestos claves en la enseñanza superior y los comentaristas económicos que "martillean" todos los días --desde los medios-- los mismos mensajes sobre la cabeza de la gente común. Los universitarios tienen menos excusas que los "subcontratistas", pues no pueden ignorar que muchos trabajos científicos han destrozado numerosas de las imposturas relativas al proteccionismo y al librecambio" (163). Es, por tanto, la estructura entera misma que sustenta, produce y valida a la "ciencia económica" la que muestra su estrepitoso fracaso en medio de la indiferencia de sus burócratas, empleados y ayudantes, sean intelectuales funcionarios, autónomos o simples asalariados.
Las razones de esa mezcla de despreocupación, desconcierto e ignorancia por los resultados prácticos y la verosimilitud, criterio de verificación o simplemente falsación de la "ciencia económica", nacen tanto de intereses crudamente económicos destinados a falsificar datos para evadir impuestos, blanquear dinero, etc., como descubrió Victor Perlo al estudiar estadísticas reales a fín de demostrar la corrección de la ley de caída tendencial de la cuota de ganancia (164), confirmando la razón de quienes sostienen que el capitalismo tiene , como mínimo, dos sistemas de contabilidad , uno de los cuales es sistemáticamente ocultado a los investigadores críticos. Como del interés preciso para ocultar todos los datos sobre la explotación real de la fuerza de trabajo, como denuncia T. Andréani al estudiar todas las limitaciones conceptuales y vacíos epistemológicos que dificultan extremadamente estudiar qué es, cómo se forma y cómo es explotada una clase social por otra, considerando que esa explotación es total y supone sus correspondientes instrumentos de dominación y opresión (165). ¿Y qué decir del rechazo del sistema patriarco-burgués a que su economía integre las estadísticas de la explotación de la fuerza de trabajo sexo-económica de la mujer? (166). Y si relacionamos las dificultades para conocer la explotación en general con la explotación de las mujeres, nos encontramos con las dificultades para descubrir a los ricos en las estadísticas que ellos mismos escriben (167), y consiguientemente y por el lado antagónico, las dificultades para medir realmente la pobreza (168). Tampoco podemos olvidar el altanero desprecio de la "ciencia económica" hacia los costos inmensos que supone internalizar en dinero las destrucciones medioambientales externalizadas de la economía, inexistentes en las estadísticas y en la contabilidad, aunque no en la salud humana (169).
Significativamente, estas "ausencias" tienen una directísima consecuencia en la ocultación de las condiciones de vida y trabajo de las clases oprimidas, de las mujetes y masas empobrecidas. Muy recientemente se ha hecho una investigación crítica de las "estadísticas del PP" y del gobierno español. Se ha descubierto que tienen tres grandes vacíos: la ocupación y el empleo, el sector exterior y el déficit del sector público, "tres áreas decisivas para entender la situación actual de la economía española". Nosotros diríamos que para entender, también, la situación política interna y la fortaleza del propio Estado español cara al futuro, pero de este tema ya hablaremos en el capítulo siguiente. Ahora nos interesa insistir en la notoria intencionalidad política del PP para ocultar la verdadera situación socioeconómica: "la información mensual sobre la evolución del Presupuesto ha dejado de difundirse con asiduidad; la Memoria de la Administración Tributaria ha desaparecido; los datos de la Agencia Tributaria cambian de criterio con cada comparecencia del secretario de Estado de Hacienda en el congreso; y hoy es el día, cuatro meses despuésde acabar el año, que la opinión pública no sabe cuanto recaudó el Estado en 1999. En enero del 2001estará disponible la nueva Encuesta de Presupuestos Familiares que permitirá fabricar un nuevo IPC (Índice de Precios al Consumo). Los estadísticos -incluídos algunos del Instituto Nacional de Estadística- empiezan a temerse lo peor, que es, ni más ni menos, que el cambio se produzca sin facilitar la información suficiente a la opinión pública y a las instituciones que estudian las cifras; y que el cambio de ponderaciones en el índice carezca del mínimo contraste o explicación" (170).
A estas presiones contrarias al conocimiento crítico hay que unir el propio límite filosófico de la "ciencia económica", esencialmente mecanicista y kantiana, incapaz de estudiar la dialéctica inherente al concepto marxiano de valor: "el más controvertido de todo su pensamiento" (171), y que sigue sin ser entendido ni rebatido por la economía oficial pese a toda la palabrería pseudocientífica en contra de la teoría del valor. A. Barceló está en lo cierto cuando afirma que la corriente teórica hoy hegemónica "es heredera de la "contrarrevolución marginalista" de los años 70 del siglo pasado" (172). Recordemos que esta contrarrevolución buscaba, de un lado, desviar el objeto de la investigación económica no hacia los problemas inquietantes advertidos por Smith, Ricardo y Sismondi, nada agradables para la burguesía europea atemorizada por las luchas obreras, sino hacia problemas individuales y subjetivos, como la utilidad, la preferencia personal, etc; y de otro lado, buscaba simultáneamente desacreditar las tesis de Marx que aunque muy pocos conocidas eran ya el enemigo antagónico del capital. La "escuela marginalidata", precursora del actual neoliberalismo, se presentaba con un altivo aire de cientificidad, neutralismo y sentido común. Por eso, Barceló tiene toda la razón cuando dice que: "Contra lo que pudiera parecer, los descubrimientos importantes en ciencias sociales se caracterizan por contraponerse a la intuición y al sentido común. Los saberes propiamente científicos consisten en mostrar algo que no se veía hasta entonces, y no en facilitar disfraces de respetabilidad al conocimiento vulgar" (173).
Por su importancia es conveniente aclarar que esa incapacidad intelectual, que ese dominio del sentido común es una forma falsa pero necesaria de conocimiento de la realidad, que A. Sohn Rethel define así: "La falsa conciencia necesaria es falsa no por defecto de la conciencia, sino por defecto del orden histórico de la existencia social que hace que sea falsa. La solución está en un cambio de este orden, un cambio que elimine las poderosas y enraizadas características sobre las cuales puede demostrarse que reposa esta causación. Marx hace mucho hincapié en que en el hecho de que su exposición crítica del carácter fetichista del concepto de valor no elimina el hechizo de este concepto que la producción de mercancías ha de provocar en tanto exista. El hombre, en un sentido social, no está en un error, está engañado. Es inocente de su falsa conciencia necesaria (...) (que) tiene sus raíces, no en la lucha de clases, sino en aquellas condiciones históricamente necesarias que producen el antagonismo de clase" (174). Interesa ahondar un poco más en este sencillo hecho de que las raíces de la falsa conciencia necesaria son más hondas y profundas que las de la lucha de clases, anteriores si se quiere, porque explica no sólo que la ideología burguesa sea reaccionaria en la lucha de clases, sino sobre todo, que está previa y necesariamente falseada, siendo incapaz de superar la apariencia y bucear a las causas.
Según Rieser: "En el análisis marxiano, el sistema social capitalista (al igual que los sistemas que le precedieron) tiene un modo particular de "aparecer" ante los grupos sociales que actúan en él, así como ante los científicos que lo estudian. Esta "apariencia" oculta o deforma la esencia íntima del sistema, y debe por lo tanto ser "quitada" para poder comprenderlo realmente. Sin embargo, ella no es reductible a un error en el 'análisis' del sistema social, pues tiene una dimensión 'objetiva' (...) la realidad social capitalista está estructurada de modo tal que pone de relieve algunas característica, ocluyendo otras que están en las raíces de las primeras y que son las únicas que pueden explicarlas. Las primeras constituyen la "apariencia" del sistema; son características objetivas, reales, pero al mismo tiempo conducen a una interpretación del sistema que se funda sólo sobre ellas y que no tiene en cuenta otras características fundamentales, que constituyen la 'esencia' del sistema y son por tanto indispensables para su 'definición'" (175).
5.2.- LEY DEL VALOR-TRABAJO:
La "ciencia económica" burguesa se enfrenta, desde el análisis marxiano, a una apariencia creyendo que es la esencia. Y lo hace, además, sin superar el efecto fetichista que nace de esa apariencia. No es casualidad, así, que el intelectualismo oficial esté lleno de textos burdos y superficiales sobre historia económica que incitarían a la hilaridad si el tema no fuera tan grave (176). Esta mezcla de fetichismo, apariencia y falsedad necesaria es la que hace, a su vez, que la historia de las ideas económicas oficiales sea inseparable de la alienación de los sujetos que las han elaborado (177). También por eso mismo, un clásico como Rubín inicia su imprescindible investigación hablando del fetichismo de la mercancía y ascendiendo de la apariencia abstracta a la esencia concreta, critica a los economistas que no han comprendido el salto cualitativo de Marx y, dentro de éste, la necesidad de diferenciar la magnitud del valor, la forma del valor y la sustancia del valor (178). Igualmente, otro profundo conocedor de la obra marxiana como es Korsch, afirma que: "Efectivamente rige en la producción burguesa de mercancías una ley no escrita del valor, la ley del intercambio de mercancías del mismo valor, pero no como ley natural eterna e inmutable, sino como "ley natural social", válida sólo en determinadas condiciones sociales, para una determinada época histórica (...) También ha demostrado Marx detalladamente que la "ley del valor" no se realiza, ni siquiera en la producción de mercancías plenamente desarrollada, sino en medio de constantes roces, oscilaciones, pérdidas, crisis y ruínas" (179).
Estas precisiones teóricas son necesarias porque, en realidad, la ley del valor-trabajo cumple una función clave en la concepción materialista de la historia. Todos sabemos empíricamente aunque no lo racionalicemos teóricamente que, más temprano que tarde, nos traerá funestas consecuencias incumplir una cosa tan simple como la llamada "ley del mínimo esfuerzo". Por inapelables exigencias objetivas de la naturaleza relacionadas con el funcionamiento de la entropía o segunda ley de la termodinámica, con sus variantes especiales para el contexto social humano como indica Martínez Lizarduikoa (180), el sobregasto de energía más allá de lo permitido por la ley del mínimo esfuerzo termina al irresponsable despilfarrador de sus recursos energéticos. Pero la sociedad humana asciende mediante el desarrollo de las fuerzas productivas y sus relaciones sociales de producción, a un nivel tal en el que aparece la ley de la productividad del trabajo, , y más adelante, cuando nace y se extiende la producción de mercancías y ésta se generaliza, sobre ambas leyes anteriores, la del mínimo esfuerzo y la de la productividad del trabajo, se impone la ley del valor-trabajo, que es la forma más acabada en la sociedad dividida en clases de medir la explotación de una mayoría por la minoría.
Trotsky dice que: "El ascenso histórico de la humanidad está impulsado por la necesidad de obtener la mayor cantidad posible de bienes con la menor inversión posible de fuerza de trabajo. Este fundamento material del avance cultural nos proporciona también el criterio más profundo en base al cual caracterizar los regímenes sociales y los programas políticos. La ley de la productividad del trabajo es tan importante en la esfera humana como la de la gravitación en la de la mecánica. La desaparición de formaciones sociales que crecieron hasta desbordar sus marcos no es más que la manifestación de esta cruel ley, que determinó elk triunfo de la esclavitud sobre el canibalismo, de la servidumbre sobre la esclavitud, del trabajo asalariado sobre la servidumbre. La ley de la productividad del trabajo no se abre camino en línea recta sino de manera contradictoria, con esfuerzos y distensiones, saltos y rodeos, remontando en su marcha las barreras geográficas, antropológicas y sociales,. De aquí que haya tantas "excepciones" en la historia, que no son más que reflejos específicos de la "regla"" (181).
Desde luego que las muy penosas condiciones en las que Marx tuvo que desarrollar su militancia praxeológica le dificultaron sobremanera la realización de los objetivos que él mismo se había marcado e incluso le impidieron físicamente concluir bastantes e iniciar otros muchos. Aun y todo así, la teoría del valor-trabajo, que culmina cognoscitivamente el proceso de elaboración del materialismo histórico, de la que emerge la teoría de la plusvalía y toda la crítica revolucionaria al capitalismo, puede ser estudiada en todas sus versiones más o menos "ortodoxas" en el sentido lukacsiano o "revisionistas" en el sentido gramsciano (182). De cualquier modo, nosotros ofrecemos ahora esta definición de E. Mandel sobre la ley del valor-trabajo: "el mecanismo económico de una sociedad de productores privados que distribuye la fuerza de trabajo total a disposición de la sociedad (y por ende todos los recursos materiales necesarios para la producción) entre sus diversas ramas de la producción, a través de la mediación del intercambio de todas las mercancías a sus valores (en el modo de producción capitalista, a sus precios de producción). Bajo el capitalismo, esta ley determina las pautas de inversión, es decir, el flujo y el reflujo de los capitales hacia las diferentes ramas de la producció, de acuerdo con la desviación de su tasa de ganancia específica con respecto a la tasa general de ganancia" (183).
Estas explicaciones son necesarias porque, se quiera o no reconocerlo, las tres grandes corrientes de teoría económica, que nacieron al son de las exigencias de la lucha de clases en los siglos XVIII-XIX y han dado vida a todas las variantes posteriores, giran alrededor del valor. Así, las dos burguesas basadas, una, en la subjetividad del valor y, otra, en el valor del coste de producción, y la antagónica e irreconciliable con ambas, la marxista, basada en la teoría del valor-trabajo- , todas ellas giran alrededor del problema del valor (184).
Para concluir esta respuesta contundentemente negativa a la interrogante sobre la supuesta cientificidad de la "ciencia económica" burguesa, permítasenos citar la 'paradoja' de D. Harvey: "El valor, en primer lugar, es "un modo social definido de existencia de la actividad humana" logrado bajo las relaciones capitalistas de producción e intercambio. Por tanto, Marx no está interesado principalmente en dar forma a una teoría de los precios relativos, o incluso en establecer reglas fijas de distribución del producto social. Está interesado más directamente en contestar a esta pregunta: ¿cómo y por qué asume el trabajo en el capitalismo la forma que en él adopta. La 'disciplina' impuesta por el intercambio de mercancías, las relaciones monetarias, la división social del trabajo, las relaciones de clase en la producción, la enajenación de los trabajadores del contenido y el producto del trabajo, y el imperativo de "acumular por el afán de acumular" nos ayudan a entender los logros y limitaciones reales del trabajo humano bajo el capitalismo. Esta disciplina contrasta con la actividad del trabajo humano como "el fuego viviente que da forma", como "la transitoriedad de las cosas, su temporalidad" y como la libre expresión de la creatividad humana. La paradoja que hay que entender es cómo la libertad y la transitoriedad del trabajo humano como un proceso es 'objetivada' en una 'fijación' de ambas cosas e intercambia proporciones entre las cosas. La teoría del valor trata de la encadenación de las fuerzas y restricciones que disciplinan al trabajo como si fueran una necesidad impuesta externamente; pero lo hace reconociendo claramente que en el análisis final el trabajo produce y reproduce las condiciones de su propia dominación. El proyecto político es liberar al trabajo como un "fuego viviente que da forma" de la disciplina de hierro del capitalismo" (185).
(161) Phyllis Deane: "El Estado y el sistema económico". Edit. Crítica, Barcelona 1993, pág. 205.
(162) Anselmo Calleja: "Nueva economía ¿nuevos valores?", Cinco Días, 7-IV-2000.
(163) Bernard Cassen: "El dudoso éxito de la "ortodoxia" económica liberal", ops. Cit.
(164) J.A. Moral Santin y Henry Raimond: "La acumulación del capital y sus crisis", ops cit, pág 171.
(165) Toni Andréani: "¿Qué es una clase social?", En "¿Todavía hay clases?", Revista Viento Sur, Madrid nº 12, 1993.
(166) AA.VV: "Las mujeres y el trabajo. Rupturas conceptuales". Icaria, Barcelona 1994. AA.VV: "Emakumea eta ekonomia", IPES, 23 zkia, 1998 Bilbo. D.Comas D'Argemir: "Trabajo, género, cultura", Icaria, Barcelona 1995.
(167) AA.VV: "Los ricos, una incógnita en las estadísticas", Le Monde Diplomatique, nº 43, mayo-1999.
(168) M. Mangenot y G. Engbersen: "Criterios y definiciones respecto a las nuevas formas de pobreza". Le Momde Diplomatique, nº 47, septiembre-1999.
(169) L. Jiménez Herrero: "Medio ambiente y desarrollo alternativo", IEPALA, Madrid 1989. J. Martínez Alier: "De la economía ecológica al ecologismo popular", Icaria, Barcelona 1992. R. Bermejo: "Manual para una economía ecológica", Bakeaz, Bilbao 1994. AA.VV: "Desarrollo, pobreza y medio ambiente", Talasa, Madrid, 1994. J. Martínez Alier: "Introducción a la economía ecológica". Rubes, Barcelona 1999.
(170) Jeús Mota: "Estadísticas sin valor de diagnóstico", El País-Negocios, 9-IV-2000, pág. 23.
(171) Simon Mohun: "Valor", en "Diccionario del pensamiento marxista", Tom Bottomore (dict.), Tecnos Edit. Madrid 1984, pág 774-778.
(172) Alfons Barceló: "Filosofía de la economía", Icaria, Barcelona 1992, pág 74.
(173) A. Barceló: "Filosofía de la economía", ops. Cit. Pág 78.
(174) Alfred Shon Rethel: "Trabajo manual y trabajo intelectual". El Viejo Topo, Barcelona 1979, pág 196.
(175) Vittorio Rieser: "El problema de la apariencia en el análisis marxiano de los sistemas sociales", en AA.VV: "Estudios sobre El Capital", Siglo XXI, Madrid 1973, pág 103.
(176) Veáse, Francisco Bustelo: "Quince ensayos de historia económica". Edit. Síntesis. Madrid 1999, en especial págs 87-99.
(177) Manuel Montalvo Rodriguez: "Historia y alienación de las ideas económicas". Editorial Hesperia, Madrid 1979.
(178) Isaak Illich Rubin: "Ensayos sobre la teoría marxista del valor", PYP, Buenos Aires 1974. Pág 127.
(179) Karl Korsch: "Karl Marx", Ariel, Barcelona 1975, págs, 134-135.
(180) Alfontso Martínez Lizarduikoa: "Entropía y diversidad", Gara, 1999-abendua-24.
(181) León Trotsky: "El nacionalismo y la economía", en Escritos, Edit. Pluma, Bogotá 1976, Tomo V, 1933-34, Volúmen 1, pág. 242-243.
(182) Samin Amin: "La ley del valor y el materialismo histórico". FCE, México 1981. Pierre Salama: "Sobre el Valor". ERA México 1978. Rodolfo Banfi: "Un pseudoproblema: la teoría del valor-trabajo como base de los precios de equilibrio", en "Estudios sobre El Capital", ops, cit, págs 141-167. Ernest Mandel: "La teoría del valor y el capitalismo monopolista", en "Ensayos sobre el neocapitalismo", ERA México 1976, págs 36-51. P.Walton y A. Gamble: "Marx, Adam Smith y la economía política", en "Problemas del marxismo contemporáneo", Edit. Grijalbo, barcelona 1976, págs 191-256. AA.VV: "Sobre la vigencia de la teoría del valor en Marx", en "Cien años después de Marx", Akal, Madrid 1986, págs 227-388. G.A. Cohen: "La teoría de la historia de Karl Marx. Una defensa", Siglo XXI, Madrid 1986. Jon Rlster: "Una introducción a Karl Marx", Siglo XXI, Madrdi 1991.
(183) Ernest Mandel: "El capitalismo tardío", ops, cit, pág. 570.
(184) K. Cole, J. Cameron y C. Edwards: "¿Por qué discrepan los economistas?", IEPALA, Madrid 1990, pág 435.
(185) David Hatvey: "Los límites del capitalismo y la teoría marxista", ops cit, pág 48.